El 22 de junio de 1941 las tropas de la Alemania nazi rompieron el pacto Ribentropp-Molotov de agosto del ‘39 e invadieron la Unión Soviética. Detrás del ejército desplegaron su terror los Einsatzgruppen, unidades de comando de la SS destinadas a asesinar a los enemigos que quedarían detrás. Para la ideología nazi esta etapa de la guerra debía de ser “total”. Las políticas antijudías implementadas primero en Alemania y luego en los otros países de su dominio construyeron un sendero de señalamiento, segregación y aislamiento que derivaron en los guetos en el Este. La “incorporación” de los millones de judíos de la U.R.S.S. al dominio nazi y los triunfos bélicos previos alentaron la idea de asesinar sistemáticamente a los judíos soviéticos. 

Las 4 unidades de Einsatzgruppen (A,B,C y D) trasladaban a los judíos a una zona aislada, los hacían cavar un pozo, los obligaban a desvestirse y los asesinaban. En el barranco de Babi Yar fueron exterminados 33.771 judíos en dos días. A los comandos mencionados se le sumaron unidades policiales auxiliares y de voluntarios de regiones como Lituania, Ucrania y Bielorrusia.

Este sistema de exterminio se cobró la vida de un millón y medio de judíos. Hacia comienzos de 1942 el plan se modificará en dos aspectos: Por un lado incluirá a todos los judíos europeos y por el otro se crearán campos de exterminio especialmente diseñados para tal fin. Esto se debió a los altos costos, a la caída de la moral de los soldados ejecutantes y a los problemas psicológicos para estos.

Los historiadores eligieron esta fecha como el inicio del Holocausto-Shoá en tanto exterminio, sin desconocer por ello que los hechos precedentes de la Alemania nazi fueron fundamentales para llegar a desarrollar semejante crimen. Si bien el fenómeno general conocido como Holocausto-Shoá abarca a toda la política antijudía del régimen nazi, el asesinato sistemático de judíos en sí comenzó con la invasión a la Unión Soviética.